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Ventajas de una cartera de valores respecto a los fondos de inversión

Las principales ventajas de la inversión directa en acciones respecto a los fondos de inversión son:
      1) Renta periódica: Una cartera de valores genera una renta por los dividendos que pagan las acciones que forman la cartera. Esta ventaja es importantísima. El dinero obtenido por el cobro de dividendos puede utilizarse con total flexibilidad; reinvertir en la compra de más acciones, destinarlo al consumo o al pago de gastos básicos (electricidad, agua, comunidad de propietarios, etc.), pago de la hipoteca de un inmueble (vivienda habitual, segunda residencia, local para un negocio, inmueble destinado al alquiler, etc.), pago de las letras de un vehículo, etc. Y todo ello sin necesidad de vender las acciones. A lo largo de la vida del inversor el destino de los dividendos puede ir variando con una flexibilidad total dependiendo de sus necesidades y de la etapa de su vida en que se encuentre. Obtener una renta periódica invirtiendo en fondos es muy difícil porque la evolución de los dividendos es mucho más estable y predecible que la de las cotizaciones. Para obtener una renta regular de un fondo de inversión hay que vender participaciones, y eso supone reducir el tamaño de nuestro patrimonio. Por tanto no sería una verdadera renta (como en el caso de los dividendos) sino una desinversión. Además se corre el riesgo de desinvertir en caídas de mercado.
      2) Comisiones más bajas: Las comisiones que se pagan por mantener una cartera de valores son significativamente más bajas que las de un fondo de inversión, y esto tiene una influencia decisiva en la rentabilidad final obtenida. Un fondo de renta variable puede cobrar una comisón total (gestión, depósito, etc.) del 2,00%-2,50%. Hay gente que opina que es una comisión baja porque lo compara con el valor total de la cartera. El problema es que esta comisión se cobra todos los años. La rentabilidad por dividendo de un índice como el IBEX35 no está muy lejos de esas cifras, en algunos momentos puede ser algo superior y en otros algo inferior. Eso supone que el fondo, aproximadamente, se queda con los dividendos cobrados por realizar su trabajo. Para ponerlo en perspectiva imaginemos el caso de un inversor en inmuebles que contrata a un gestor para que le lleve su cartera de inmuebles y a cambio el gestor se queda con todo el dinero obtenido por los alquileres. El inversor mantendría los inmuebles pero no obtendría nada de los alquileres. Además, al invertir directamente en acciones se pueden seleccionar las acciones que paguen dividendos más altos y descartar las que pagan menores dividendos y las que no los pagan, con lo que la rentabilidad por dividendo de la cartera puede ser superior a la del IBEX 35 (o el índice de referencia escogido).
      3) Efecto “manada” en los gestores de fondos: Se llama así a la tendencia que tienen los gestores de fondos a realizar una gestión muy similar a la de sus compañeros, diferenciándose poco del grupo de gestores. La consecuencia es que la inmensa mayoría de los gestores realiza una gestión muy pasiva, obteniendo resultados muy similares ( casi siempre inferiores, como reflejan los estudios realizados sobre el tema) a los del índice que utilizan como referencia. En estos casos la supuesta ventaja de la gestión profesional sobre la gestión que pueda hacer un particular se desvanece hasta quedar prácticamente anulada. Hay varias razones para este comportamiento. Una de las más importantes es que los gestores viven de su sueldo, no de la rentabilidad que obtienen en el mercado. Muchos gestores tienen pluses, bonos y demás, pero la hipoteca, la luz y los colegios se pagan con el sueldo. Si se separan del grupo y aciertan pueden obtener una bonificación más elevada, pero si se equivocan y obtienen una rentabilidad muy inferior a la media pueden ser despedidos. Es evidente que la mayoría prefiere no correr el riesgo, no sólo por la posibilidad de ser despedido sino porque, aún en el caso de superar claramente al grupo, la tensión sufrida día a día hasta lograrlo puede ser muy alta. El inversor particular puede comprar valores que no están de moda (y por tanto han caído significativamente) pero tienen unos magníficos fundamentales y unas buenas perspectivas sin preocuparse de los rankings del próximo trimestre. Al seguir al índice los gestores invierten la mayor cantidad de dinero en los valores más grandes, que no siempre son la mejor opción.
      4) Libertad total para invertir o no: El inversor particular no tiene ninguna obligación de estar comprado en todo momento o de vender si no lo desea. En cambio un gestor de fondos no sólo tiene que estar siempre en mercado sino que puede darse el caso de que reciba mucho dinero para invertir (por nuevas aportaciones de partícipes) en momentos en que preferiría no hacerlo y en otros momentos puede verse obligado a vender (por retiradas masivas de los partícipes) cuando su opinión es que es buen momento para comprar en lugar de vender.
      5) Agilidad para entrar y salir: Un inversor particular puede entrar y salir de un valor en cualquier momento, ya que sus posiciones son ínfimas en comparación con el tamaño del mercado. En cambio un gestor de fondos puede tardar varias semanas, o incluso meses, en entrar o salir de un valor por el gran volumen de dinero que maneja. Esto puede hacer que el gestor obtenga peores precios (para el conjunto de su cartera) de compra y de venta que el inversor particular. Cuánto más pequeño sea el valor mayor es la ventaja del inversor particular frente al gestor del fondo.
      6) Posibilidad de invertir en valores que no están en los índices: La mayoría de los fondos están referenciados a un índice, por lo que ignoran todas aquellas empresas que no pertenezcan a dicho índice. Esto deja fuera empresas muy buenas que por su tamaño o liquidez no cumplen los requisitos para ser incluídas en los índices. En España se pueden citar los casos de CEPSA y Zardoya OTIS, empresas cuya rentabilidad de las últimas décadas está entre las más altas del mercado español y que sin embargo no están en la cartera de muchos fondos por no pertenecer al IBEX 35. Otros fondos sí tienen o han tenido acciones de estas empresas pero en un porcentaje bajísimo, teniendo en cuenta su solidez fundamental, por no estar incluídas en dicho índice. Por otra parte, a veces se incluyen en los índices empresas con una gran capitalización bursátil y mucha liquidez pero cuyos fundamentales y rentabilidad dejan mucho que desear. Un ejemplo de esto último (entre muchos que ha habido, hay y habrá) puede ser Terra. La inmensa mayoría de partícipes de fondos de inversión en España tuvieron una parte de su dinero invertida en Terra durante su caída de 157 a 2 euros, ya que casi todos los fondos tenían acciones de Terra compradas en sus carteras. Muchos de esos fondos, sin embargo, no tenían acciones de Zardoya o CEPSA que tuvieron una revalorización muy por encima de la media mientras Terra caía. Los índices no son una selección de los valores más sólidos y rentables, sino de los más líquidos y con mayor capitalización bursátil. Hay valores muy sólidos que son muy grandes y líquidos pero no es así en todos los casos.
      7) Los índices bursátiles no reflejan los dividendos pagados por las empresas


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