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Correlación entre la cuenta de resultados de una empresa y su cotización

El beneficio de una empresa y su cotización tienen una correlación muy fuerte en el largo plazo.
Primero hay que aclarar qué es lo que se entiende como “beneficio”. Como beneficio hay que entender siempre el beneficio por acción (BPA), que es la parte del beneficio total obtenido por la empresa que corresponde a cada una de las acciones que componen su capital social. En las operaciones de fusión y ampliaciones de capital el número de acciones que componen el capital social de la empresa varía, por lo que son hitos muy importantes que deben ser tenidos en cuenta por los inversores y accionistas a la hora de valorar una empresa. En principio tanto las fusiones como las ampliaciones de capital se realizan con el fin de dar paso a una empresa “mejor”, pero hay que analizar qué es lo que pasa realmente.
Considero que una empresa “mejor” es una empresa más rentable para sus accionistas, es decir, una empresa en la que tanto el BPA como el dividendo crezcan a un ritmo mayor que si no se hubiera realizado la fusión o ampliación de capital. Pero en ocasiones estas operaciones de fusión o ampliación de capital hacen más grande a la empresa, pero no más rentable. Es decir, el beneficio total de la empresa aumenta pero el BPA y el dividendo disminuyen o crecen a ritmo inferiores a los que hubieran crecido si no se hubiera realizado dicha operación. Es normal que en los 2-3 primeros años depues de la fusión o ampliación el BPA se vea afectado ligeramente de forma negativa, hasta que la integración y reorganización de los nuevos negocios se realiza, pero a partir de ahí el efecto de dicha operación en el BPA debe tener un efecto positivo, es decir, debe crecer a mayor ritmo que si la empresa no hubiera realizado la fusión o ampliación. Si una operación de este tipo tiene efectos positivos en el BPA desde el primer año debe considerarse una operación especialmente buena.
Una vez aclarada la diferencia entre el beneficio total de la empresa y el BPA, la variable más importante para determinar la evolución de la cotización de una empresa en el largo plazo es el mencionado BPA . Si una empresa consigue aumentar de forma continuada su BPA a lo largo de los años la cotización lo reflejará antes o después. De la misma forma, si el BPA de una empresa va cayendo progresivamente su cotización también acabará cayendo.
El dividendo que reparte la empresa cada año es un porcentaje del BPA. Dicho porcentaje se denomina pay-out. A medida que va aumentando el BPA tambien lo va haciendo el dividendo que cobran los accionistas. Esa renta, cuando es estable y creciente, supone una garantía para la revalorización de la acción. El dividendo de una acción podría compararse al alquiler de un piso. El dividendo de una empresa sólida es mucho más estable y crece a mayor ritmo que el alquiler de un piso (ver datos históricos de dividendos), y además no tiene los gastos asociados a cualquier inmuebles (comunidad de vecinos, derramas, impuestos, mantenimientos, reparaciones, etc.).
Cuanto más caiga la cotización de una empresa más alta es su rentabilidad por dividendo. Cuanto mayor es la rentabilidad por dividendo más invesores de largo plazo se interesan en comprar dichas acciones. El arbitraje con el coste de los créditos tambien juega un papel importante, ya que a partir de ciertos umbrales algunos inversores (tanto pequeños como institucionales) solicitan créditos para comprar acciones debido a que el coste del crédito es inferior a la rentabilidad que obtienen de los dividendos.
Cuando las cotizaciones caen de forma exagerada las propias empresas son las que compran sus acciones para amortizarlas posteriormente. Esto hace que el BPA y el dividendo de los años posteriores crezca más de lo esperado, al tener que repartirse entre menos acciones.
Estas situaciones, entre otras, hacen que la infravaloración de las empresas sea corregida hasta acercar su cotización a su valor, aunque no se pueda predecir cuándo se corregirá dicha infravaloración.
En el caso de las empresas sobrevaloradas sucede lo contrario. Cuanto más suba una empresa más baja es su rentabilidad por dividendo y menos inversores de largo plazo estarán interesados en comprar sus acciones. A medida que va subiendo la sobrevaloración también va aumentando el número de invesores interesados en vender acciones sobrevaloradas, lo que finalmente hace caer la cotización hasta acercarse al valor de la empresa.
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